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ESCUELA PETRARQUISTA


Veamos un claro ejemplo de la secuela que Petrarca dejó al Renacimiento español: Garcilaso de la Vega.
El paralelismo con el poeta italiano es evidente: Garcilaso humanista, hombre de armas también en su caso, y hombre casado con doña Elena de Zúñiga se enamora perdidamente de otra señora, Isabel Freire, dama portuguesa. Para ella serán sus sufrimientos, lágrimas, suspiros y su obra fundamentalmente a través de sonetos y de églogas. También la obra poética de Garcilaso admite dos etapas: el dolor punzante por no ser correspondido por Isabel Freire, y los poemas tras la muerte de su musa de parto. A Isabel, bien por gusto literario, bien por juego sentimental o poor ocultar la identidad de una mujer casada a la que pudiere comprometer, la llama Elisa.

Observemos ya uno de sus sonetos "en vida":

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
 
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
 
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
 
Cuando tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
 
Garcilaso de la Vega
 


En este otro soneto, se observa claramente la influencia de Guido Cavalcanti (Florencia, ca. 1250 – ibídem, 1300), poeta italiano, fue uno de los creadores del Dolce stil novo, junto con Dante Alighieri. Cavalcanti cree, siguiendo a lo que parece ciertas doctrinas herméticas, que el alma del amante-poeta es herida de amor a través de ciertos espíritus que penetran en el interior a través de los ojos.



De aquella vista buena y excelente
salen espirtus vivos y encendidos,
y siendo por mis ojos recibidos,
me pasan hasta donde el mal se siente,
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Entránse en el camino fácilmente,
con los míos, de tal calor movidos,
salen fuera de mí como perdidos,
llamados de aquel bien que está presente.

Ausente, en la memoria la imagino;
mis espirtus, pensando que la vían,
se mueven y se encienden sin medida;

mas no hallando fácil el camino,
que los suyos entrando derretían,
revientan por salir do no hay salida.

Garcilaso de la Vega





Veamos ahora unos versos de la Égloga I, donde se lamenta como Nemoroso de la muerte de su amada Elisa, a la sazón, Isabel Freire.


Divina Elisa, pues agora el cielo
con inmortales pies pisas y mides,
y su mudanza ves, estando queda,
¿por qué de mí te olvidas y no pides
que se apresure el tiempo en que este velo
rompa del cuerpo y verme libre pueda,
y en la tercera rueda,
contigo mano a mano,
busquemos otro llano,
busquemos otros montes y otros ríos,
otros valles floridos y sombríos
donde descanse y siempre pueda verte
ante los ojos míos,
sin miedo y sobresalto de perderte?

Garcilaso de la Vega


O del mismo modo en este otro soneto:

¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,garcilaso_de_la_vega.jpg
juntas estáis en la memoria mía
y con ella en mi muerte conjuradas!
¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas qu ´en tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?
Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
lleváme junto el mal que me dejastes:
si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

Garcilaso de la Vega